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John Harrison y el problema de la longitud

Les propongo un viajecito en el tiempo, retrocedamos 300 años...
En el siglo XVIII los barcos se perdían (prolongándose así la duración de los viajes y el riesgo del escorbuto), se estrellaban contra las costas, acantilados o entre ellos mismos, todo ello por no poder calcular con precisión la longitud (distancia angular geográfica este-oeste) en la que se encontraban.

galeones.jpg

La inseguridad que esto provocaba obligaba a navegar con la única guía de la Latitud (distancia angular al Ecuador), lo cual juntaba a comerciantes, buques de guerra, pescadores y piratas en las mismas rutas.

Así las cosas, el Parlamento inglés ofreció en 1714 una recompensa de 20.000 libras para quien resolviese el problema. Ante tal suma la gente se volvió loca e ideó todo tipo de soluciones, algunas auténticamente descabelladas (una, la del ´perro herido´, utilizaba unos polvos mágicos que curaban heridas a distancia pero producían dolor cuando se aplicaban, entonces llevando un perro herido a bordo y utilizando los polvos en tierra siempre a mediodía, los del barco obtendrían este dato por los aullidos del perro!).

Latitud y longitud.gif

Latitud y longitud

Nombre de las coordenadas utilizadas para indicar la posición de un punto sobre la superficie terrestre.

La latitud (en amarillo) es la distancia angular del punto en cuestión al
Ecuador, medida a lo largo de su meridiano (en rojo).


La longitud (en verde) es la distancia angular entre el meridiano del punto y el meridiano de Greenwich medida a lo largo del Ecuador.

Meridiano: semicírculo que va de polo a polo.

Ecuador: círculo máximo que equidista de los polos de la Tierra.

Entre los métodos razonables se destacaron dos. El preferido por los astronomos y científicos en general consistía en averiguar la longitud por la distancia entre la Luna y el Sol y entre la Luna y las estrellas, para lo cual había que utilizar tremendas tablas de datos astronómicos y realizar tediosos cálculos.

El otro método consistía simplemente en conocer la diferencia entre la hora local (que se calcula por la posición del Sol) y la hora de un lugar fijo conocido, pues esta diferencia horaria se convierte automáticamente en diferencia de longitud. Por lo tanto, lo único que hacía falta era tener un instrumento que nos diese la hora de nuestro punto de partida, es decir, un reloj.


 Veamos un ejemplo:

Si sabemos que en el puerto de Cádiz son las 12 del mediodía y que en el barco son las 14:30, como a los 360º de la circunferencia completa les corresponden 24 horas, escribimos la proporción:
 L / 2,5 hs = 360 grados / 24 hs
Entonces con un simple pasaje de terminos se obtiene que:
 L = 2,5 * 360 / 24 = 37,5 grados
Es decir, nos encontramos a 37,5 grados hacia el este de Cádiz.

John Harrison.jpg

El problema es que esta diferencia se debía conocer con gran precisión, y los relojes de la época no soportaban los vaivenes del mar y los cambios de temperatura. Se necesitaba un cronometro, y John Harrison, un artesano, decidió construirlo.

Cuatro fueron los relojes desarrollados por Harrison en su lucha por apresar el tiempo, el primero de los cuales fue el H-1. El H-4, con un aspecto parecido ya al de los modernos cronógrafos, fue la revolución: tras ochenta y un días en alta mar atrasó... ¡cinco segundos!

Tuvo Harrison muchos problemas para que su invento fuese reconocido. Es una historia de soberbias y mezquindades, la cosa es que el método de la distancia lunar unía a científicos de todo el mundo en una empresa internacional a gran escala. Además, su utilización exigía unos conocimientos que no estaban al alcance de cualquiera. Entonces llega Harrison y dice que él arregla todo el asunto con un aparatito que puede usar el más tonto. No se lo quisieron permitir!.

Pero al final su metodo ganó.

Gracias John Harrison!

 

Estampillas conmemorativas de los 300 aos del reloj de John Harrison.jpg